lunes, 29 de marzo de 2010

Undiano equivoca su camino al Mundial


P(Y)C ya está en EL MUNDO en Orbyt, por sólo 0,60€, el blog hablado y con imágenes...


El derbi le salió bien, pero no porque lo hiciera bien. Undiano Mallenco dirigió de muy mala manera un partido que no se le escapó porque los Real Madrid-Atlético de hoy en día distan mucho de ser aquéllos en los que Buyo y Míchel humillaban (o trataban de hacerlo) a Futre y Pizo Gómez. Quizá en un choque como los de esos años 80 el colegiado navarro también triunfaría, quizá. Pero nos hemos quedado sin saberlo. Su trabajo lo planteó hacia el objetivo de todo árbitro: pasar inadvertido. Pero eso es lo que uno desea que pase al final del encuentro, no lo que debe buscar constantemente.


Undiano trató de que nadie le culpara de dejar al Madrid con 10 o de ser intransigente con las faltas en medio campo del Atleti. Xabi Alonso, que tuvo dos destellos pero que hizo un partido lamentable, debió ser expulsado por doble amarilla en al menos dos ocasiones. Sin embargo, sólo vio una tarjeta de ese color y porque ya era clamoroso. Decíamos que el tolosarra jugó mal, cuando no es nuestro cometido juzgar a un futbolista, y lo decíamos porque se pasó el encuentro buscando la amarilla que lo liberara de viajar a Santander y que lo habilitara para preparar el clásico ante el Barça durante dos semanas limpio de amonestaciones en su ciclo particular. Tanto se empeñó que se le fue la cabeza e hizo un remate de voleibol en su propia área forzando un penalti estúpido, inesperado e imperdonable en un futbolista del Madrid. Recordó la memez de Mino, también en los 80, en el Olímpico de Múnich. Tontería que condenó entonces a aquel Madrid y que a punto estuvo de condenar a este Madrid. Por suerte nadie hizo la tontería de Juanito también en Múnich, cuando le pisó la cabeza a Mathäus. Nadie lo hizo en el Bernabéu.


Pero Undiano estaba también tan interesado en ser simpático que ni ahí le sacó la amarilla a Alonso. Tuvo el ex del Liverpool que hacer una feísima entrada a destiempo al Toto Salvio al acabar el choque para lograr 'su' tarjeta. Tuvo que jugarse la pierna de un compañero para que el trencilla se diera cuenta.


El colegiado se pasó el duelo dejando jugar, y sacó amarillas innecesarias, como la de Arbeloa, que más que innecesaria fue equivocada. Y perdonó constantemente las de Alonso y las que pudo sacar varias veces a Assunçao por el equipo colchonero. La gente hablará de que el madridista no debió acabar el partido, pero el portugués del Atlético también debió ser expulsado. ¿Que hubiese sido excesivo para un partido tan poco agresivo? Es posible, pero el reglamento dice lo que dice y, más allá de que hay que interpretarlo (que es cierto), lo cierto es que hay que cumplirlo. Y Undiano no lo hizo. Por eso decimos que tuvo suerte de que éste fuera un Madrid-Atleti de esta época y no de las pasadas, porque tanta condescendencia con entradas que eran de amonestación, hace unos año le hubiese costado perder las riendas del partido. Con jugadores más comprometidos con el escudo, más pegados a los colores, de ésos que veían en un derbi una ocasión de pisotear con rabia al rival de enfrente, Undiano hubiese sido machacado en todas las portadas al día siguiente. 


No será así. Pero mereció un cero. Ya le pasó en el Barça-Madrid de la primera vuelta. No fue una buena actuación aquélla ni lo ha sido ésta. Undiano es el mejor árbitro de España. De largo lo es. E irá al Mundial de Sudáfrica en representación de nuestro arbitraje. Peo deberá aprender a no ser tan 'bueno', pues si en partidos tan clave como estos dos citados ha fracasado, una actuación tan poco firme en el mayor escaparate del fútbol le podría condenar como un mal colegiado. Como, por otra parte, siempre les pasa a los árbitros españoles cada vez que cruzan la frontera.


periodistaycolegiado@elmundo.es

jueves, 25 de marzo de 2010

Pecados del dios prepotente

Seguramente él tenga algo de culpa, porque cada uno es responsable de sus actos. Pero le hemos venido alimentando el ego desde hace año y medio. Por mucho que uno trate de ser humilde, si millones de personas se arrodillan a tu paso a través de las ondas hertzianas, de los rayos catódicos, de las crónicas de prensa, si en un teatro los actores cambian el texto de la obra para pedirte que renueves, si 100.000 almas lloran de gusto al ver tu obra... es muy probable que te vuelvas loco y te creas, de verdad, el mesías. O al menos, en posesión de la verdad... o quizá, simplemente, con un argumento de autoridad superior al de los que te rodean. ¿No te respetan tanto todos? Pues será porque lo haces bien, porque te lo has ganado, y los números, además, lo dicen. No sólo lo haces bonito y elegante, es que además arrasas.


El Barça nunca ha sido así. La prepotencia era el pecado del Madrid. La soberbia es un pecado que nace del exceso de humildad. El público del Bernabéu aplaude más el sudor que la virtud y vibra más con una carrera desesperada e inútil por un balón que se escapa que por una virguería técnica igual de inútil. Ésa es la esencia del Madrid, y por eso, pese a que los medios no hagan caso a aquella generación, los madridistas de más de 35 años siguen recordando más a Camacho y Santillana que a Butragueño y Martín Vázquez. Juanito antes que Míchel y Stieleke por delante de Sanchis hijo. Es así. Y de esa superioridad histórica basada en la lucha constante, de ese mérito indudable fundado en no rendirse nunca, nace una sensación de que puedes mirar a los demás por encima del hombro. No te esfuerces, que por mucho que juegues, yo pondré mi calidad y, además, le echaré testosterona... te ganaré. Y, al final, llega un día en que malcomprendes eso, al menos un rato, y se te escapa en público un "me lo merezco" con el que todo el mundo está de acuerdo, pero que todos coinciden en que deberías haberte callado.


Después de ese desliz puntual de un grandísimo jugador más arriba citado, lleno de valores y admirable tanto dentro como fuera del césped, el Madrid tardó mucho en recuperar su esencia. Curiosamente, hasta la temporada en la que ese genio lo dejó. Mal que nos pese escribirlo.


A Guardiola le está pasando lo mismo. Malcomprende la admiración que tenemos por él y confunde su pose de humildad con humildad verdadera. Cree que todo lo que diga tendrá el sello de la modestia desde la que se ganó su enorme prestigio y abusa de ello. 

¿Que Clos Gómez miente en el acta? No lo sabremos nunca. Pero el árbitro, como autoridad, tiene presunción de veracidad en lo que escribe en el acta. Es necesario. Alguien ha de tener esa prerrogativa, como los policías en la calle. Y, por eso mismo, cuando a un trencilla se le pille en un renuncio habrá que ser extremadamente más duro en la sanción con él que con otro actor del mundo del fútbol. Pero si el entrenador del Barça (ojo, digo del Barça) es capaz de decir que un árbitro ha mentido (ojo, digo ha mentido) en un acta, debe poder probarlo. Si no, debe ser castigado duramente, y no con un expediente que quedará en agua e borrajas.


Ya venimos diciendo en este blog que Xavi o Iniesta están cayendo en la autocomplacencia últimamente. Desde cierta suprioridad que les hemos alimentado desde los medios y en cuya trampa ellos han caído, se refieren a las cosas del Madrid, a las cosas de los árbitros, hablando en tono papal. Y ayer Guardiola, socarrón, reconoció que su equipo saltó más tarde al campo tras el descanso en su duelo ante Osasuna, porque "se le calentó la lengua"... El colegiado mandó avisar varias veces a los azulgrana mientras, humillado en su autoridad, esperaba en el centro del campo, junto a los osasunistas, cuyos músculos se enfriaban (al tiempo que a Camacho, en el banquillo visitante, algo se le calentaba). Ese desprecio es síntoma de lo mismo que decíamos antes. 


Alguien debería decirle: "oiga, señor Guardiola, es nuestro campo, pero durante el partido manda el del silbato. Y usted obedece. Y si le ordenan llamar, usted pide disculpas y manda a sus jugadores escopetados al terreno de juego..."  A no ser que Velasco Carballo haya mentido también en su acta al decir que usted les hizo esperar, o al decir que los mandó llamar. A lo mejor fue eso.


periodistaycolegiado@elmundo.es

lunes, 1 de marzo de 2010

Si vas a acertar, al menos hazlo bien

Publicado en EL MUNDO el 1 de marzo de 2010


Lo que hizo ayer Pérez Burrull atenta contra su propia autoridad, menoscaba la credibilidad de la competición, ataca el prestigio del colectivo arbitral y es totalmente irregular. Pero, lo que es peor, carece de todo sentido común. Que un árbitro salga corriendo a consultar a un tipo en chándal que está sentado en la bocana de vestuarios una decisión tan grave como un penalti y expulsión es una locura. ¿Por qué lo hizo? ¿Acaso confiaba más en el criterio de otro? ¿Estaba nervioso, ofuscado, asustado? ¿Notó que iba de error en error? Todas esas preguntas --las únicas que a este humilde analista se le ocurren-- confirman la sospecha habitual con Burrull, que algo no funciona bien en el desempeño de ese árbitro.

El trencilla había perdido el norte desde la jugada en la que el Valencia se adelantaba en el marcador. Se había tragado un penalti de Banega a Reyes y en el contraataque vino el gol visitante. A los pocos minutos, Burrull no se atrevió a ver la mano de Marchena y estalló el estadio. Demasiado para cualquier árbitro, y más para él, nervioso como es. Así que, desasistido por su linier, el colegiado decidió lo peor, preguntar a un compañero ubicado a más de 50 metros de la jugada. La conducta del trencilla sólo se explica si una tele furtiva le hubiese chivado al cuarto árbitro lo que había pasado. Él no tiene un monitor, tal vez algún cámara se lo contó… Y entonces añadimos otro nudo a la madeja. ¿Penalti y expulsión desde 50 metros? Aunque se acierte en la decisión, es un error.

La FIFA no permite acudir al vídeo para tomar una decisión en pleno partido. De hecho, prohíbe que se emitan jugadas conflictivas en los marcadores de los estadios. La FIFA viene negándose sistemáticamente a aplicar la tecnología al fútbol y, desde que existen los vídeos digitales capaces de rebobinar en directo y en pocos segundos, la FIFA huye de ellos como de la peste. En su lugar, el prestidigitador Blatter y su ayudante en la UEFA, el otrora genial Platini, se inventan nuevos puestos de trabajo. Este año recuperaron la figura del juez de área, abandonada antes del desembarco de Normandía. Y hace unos años, idearon el empleo de cuarto árbitro.

Como había que darle unas atribuciones y no sólo un chándal oficial y un buen sueldo, el Reglamento del Juego le otorga responsabilidades tan relevantes como la de "comprobar el equipamiento de los sustitutos antes de que éstos entren en el terreno de juego" o  "informar al árbitro del comportamiento irresponsable de cualquiera que ocupe el área técnica". Nada dice de que sea él quien deba ayudar el colegiado si ni él ni sus linieres saben si ha habido penalti.

Pérez Burrull no es un gran árbitro. Sus condiciones físicas innegables y su conocimiento del reglamento quedan taponados por su torpeza en la toma de decisiones graves. Suele equivocarse y el duro carácter de este árbitro cántabro no le ayuda a admitir sus errores. Hace un año la montó en el Bernabéu decidiendo que Juanfran se había tirado dos veces en el área del Madrid. Le sacó por ello dos amarillas al de Osasuna y lo mandó a la calle con el consejo chulesco de "si te vas a tirar, al menos hazlo bien". Curiosamente, fuentes del equipo navarro revelaron que, en el túnel de vestuarios y ante las advertencias de que la televisión le revelaría sus errores, el árbitro se volvió contra ellos para espetarles "os podéis meter la televisión por el culo". Hoy la utilizará para ver lo mal que lo hizo ayer en el Calderón. Cuando uno tiene limitaciones, debe ser capaz de superarlas. Y si no sabes qué hacer, Burrull, no le cargues tu responsabilidad al cuarto árbitro. Aunque vayas a acertar, “al menos, hazlo bien".

periodistaycolegiado@elmundo.es


lunes, 22 de febrero de 2010

Pasado de kilos y sobrado de errores

Publicado en EL MUNDO el 22 de febrero de 2010

Al final, alguien tenía que haber escuchado a Drogba cuando, fuera de sí, se acordaba del árbol genealógico del árbitro al acabar aquel Chelsea-Barça. En España, todos nos quedamos con el gol de Iniesta, con el inicio del camino triunfal del Barcelona de Guardiola hacia el triplete, primero, y el sextete, después. Drogba gritaba al acabar ese partido que a los blues les habían escamoteado cuatro penaltis durante el partido. Cuatro.
  
¿Quién pitaba aquel día? Tom Henning Ovrebo, un recio colegiado noruego, de ésos cuya imagen debería imponer respeto, si no fuera porque su ejecutoria deja mucho que desear. Alguien debió hacer caso aquel día a Drogba, en lugar de sancionarlo con cuatro partidos. Si algún capitoste de la UEFA hubiese escuchado nos habríamos ahorrado el bochorno del pasado miércoles en el Allianz de Múnich. Pero prefirieron dejarlo pasar. 


Lo cierto es que el temperamental punta marfileño del Chelsea estaba avisando al trencilla –a gritos, eso sí– de lo que vendría después. En el fondo, Drogba nos avisaba a todos. Sólo era cuestión de tiempo que el árbitro noruego volviera a hacerlo.


Henning, muy pasado de kilos, apareció el miércoles por la capital bávara junto a su equipo arbitral con más de 15 años de internacionalidad a sus espaldas. El noruego no es un cualquiera; ha sido elegido cinco veces mejor árbitro de su país; ha pitado dos finales de la Copa de Noruega; ha participado en una Eurocopa; y fue elegido por la UEFA para aquella semifinal de Champions. 


Tom Henning, con su experiencia y bagaje, debería ser un árbitro de garantías. Pero no lo es. La Liga de su país está parada por el invierno y él no ha controlado su dieta. En la Euro 2008 sólo dirigió dos partidos antes de que la UEFA lo mandara a casa tras una mala actuación en un decisivo Italia-Rumanía, anulando un gol legal a Luca Toni.


Tom Henning Ovrebo sabe que, de pequeños, cuando entramos en los cursillos de árbitro, los monitores nos dijeron que lo mejor es que pasemos inadvertidos. Y, si eso es imposible, que al menos nadie pueda decir, al final del encuentro, que hemos favorecido a ninguno de los dos equipos. Y, qué demonios, pese a haber realizado un arbitraje desastroso el miércoles en Múnich, la Fiorentina no pudo acusarlo de haber manipulado a conciencia el resultado. 


Y eso, paradójicamente, es lo que más culpable hace al noruego. Tan malo fue que se equivocó en todo. En ninguna de las jugadas en las que se le exigió tomar una decisión trascendental acertó.


Es cierto que los viola se fueron calentitos a la ducha después de que en el minuto 89 Klose marcara el gol de la victoria (2-1) a puerta vacía en un evidente fuera de juego. El delantero alemán estaba un par de metros adelantado. Es cierto que a eso hay que añadir que Henning había expulsado muy rigurosamente al italiano Gobbi pocos minutos antes por manotear a Robben en una jugada junto a la banda. Pero también es cierto que el primer gol bávaro vino después de un despropósito total del trencilla, que anuló un tanto del alemán Mario Gómez para pitar un penalti a favor de los teutones. También de pequeños nos enseñaron a todos que penalti-gol es gol. A punto estuvo Henning de perjudicar gravemente al Bayern.

Cuando pitas así de mal, llegas al vestuario resoplando y tan jodido que te sientas en tu banquillo y no puedes culpar a nadie. Si el linier marcó esa expulsión que no era, para eso estabas tú. Debiste sopesar si el partido necesitaba esa roja o lo podías solventar con una amarilla. Si ese mismo juez de línea no te levantó la banderita ante la posición ilegal de Klose en el gol decisivo, pues para eso también estabas tú, que cuando empezabas a pitar en regional no tenías asistentes y debiste aprender a intuir los fueras de juego.


Ahora, la FIFA te ha borrado de la lista del Mundial y los medios italianos hacen correr la especie de que la UEFA no te va a dejar pitar más en esta Champions. Ahora, esos mismos que no escucharon a Drogba, ésos que te permitieron seguir pitando pese a tus horribles antecedentes, los mismos que no te hicieron pasar por la báscula pese a tu evidente sobrepeso... ésos, son los que te abandonan y, al calor de tus errores, dicen –otra vez– que quizá se deba ayudar al arbitraje con tecnología.


Eso fue lo que deslizó el prestidigitador Blatter el jueves, "apesadumbrado", dijo, "por ver a un árbitro de nuevo en las portadas". Aventuró incluso que lo del vídeo podría aplicarlo en el inminente Mundial de Sudáfrica, ése al que ya no irás. A tus 44 años, te querías despedir allí del arbitraje internacional. Quizá ya lo has hecho. 


Ahí estás. En el banquillo del vestuario del Allianz Arena de Múnich, sentado, y repasando lo mal que lo hiciste. Lo mal que lo has hecho. 


periodistaycolegiado@elmundo.es

domingo, 21 de febrero de 2010

Mejor equivocado que manipulado

Parece raro que Teixeira se haya dejado llevar por esta corriente vengativa de los tipos del silbato. No resulta verosímil imaginar al buen árbitro cántabro plegándose a órdenes con esa motivación. Pero un partido como el Mallorca-Sevilla, que no fue especialmente duro ni agresivo, no puede acabar con tres jugadores expulsados. No hubo motivos.


Se escribieron estas líneas antes de que el trencilla hiciera llegar su acta a la Federación. Es decir, sin haber podido consultarla. Pasados unos minutos, el acta está en la web y averiguamos a qué atribuye el colegiado las expulsiones de Negredo, de Ramis y de Zokora. La última, en los minutos finales, parecía tener sencilla explicación: doble amonestación. Sin embargo, Zokora también salió con roja directa... Claro, el marfileño se acordó de la madre de uno de los linieres.


A Negredo lo expulsó Teixeira en el minuto 24 por una supuesta patada desde el suelo a un defensa mollorquinista, tras forcejear con él por un balón. Una amarilla hubiera sido más que suficiente. Lo que hace el ex madridista está mal, pero no es para mandarlo a la ducha. De ningún modo.


Y quizá por eso, en el tiempo añadido del final de la primera parte el colegiado aprovechó la primera ocasión que tuvo para compensar el asunto. El central bermellón Ramis vio la roja en una entrada que a lo sumo merecía amarilla. El partido, muy parejo, iba 1-1 desde antes de la primera expulsión. Fue a la vuelta del intermedio que todo se volcó en beneficio sevillista.


No es que Teixeira influyera directamente en el resultado, pero sí lo hizo en el desarrollo del partido. Cuando Ramis se fue a la ducha y, al minuto, recibió a sus compañeros en el descanso, ese vestuario se vio con las fuerzas mermadas ante el poderoso Sevilla. Y se derrumbó luego en el césped. El colegiado del encuentro, celebrado casi siempre en este blog, se equivocó gravemente y varias veces. Queremos creer fue sólo eso, que no cumplía órdenes. Él no lo necesita; es una especie en extinción; es de los buenos.


(Y) Ojito Negredo. Dos últimos partidos, dos expulsiones. Se rompe su resurgir goleador, que tanto necesitaba en un año de mundial. Y está criando mala fama entre los árbitros. Por cierto, ¿lo considerarán reincidente? ¿Competición lo castigará con dos partidos? ¿Se atreverán a privar al Sevilla de Negredo en el Bernabéu? 


periodistaycolegiado@elmundo.es

lunes, 15 de febrero de 2010

Contraofensiva arbitral

Tanto silencio es sospechoso. Desde que arreció la bronca arbitral de cada año, hace un par de jornadas, las poquísimas apariciones de Victoriano Sánchez Arminio ya son ninguna, las alegaciones a competición son desestimadas, los recursos a apelación son archivados y las llamadas a Disciplina Deportiva son desatendidas. Algo pasa.


Y, mientras, los árbitros, calladitos, han pasado al ataque. Cuando Cristiano le soltó el manotazo a Mtiliga él no sabía lo que se iba a montar. Claro, tras cinco años en la Premier recién estrenada su profesionalidad sólo después de tres o cuatro gambetas vestido del Sporting de Lisboa, el portugués no podía imaginar que en la Liga que le disputa al campeonato inglés el título de  'mejor del mundo' se ventilan los asuntos de esta manera. Hoy mismo dice CR9 en El Mundo que no comprende "por qué el tercer comité ni siquiera quiso tratar" el asunto de su sanción de dos partidos. Claro, no lo entiende ni él ni nadie. lo que pasa es que los de aquí estamos más habituados.


Decíamos que los trencillas han pasado al ataque. Y tanto. Aún queda un partido, esta noche, para que termine la jornada 22 de Primera División y en dos semanas, en 19 partidos, llevamos 17 expulsiones. ¡17! Hay de todo, patadas, puñetazos, tirones de pelo... pero también hay dobles amarillas, observaciones al colegiado que éste entiende como desconsideraciones, gestos de desesperación que el trencilla toma como agravios. A la mínima, a la calle.


Todo empezó el sábado 6 de febrero en el Camp Nou. Piqué y Márquez salieron antes del campo por sendas rojas justas, pero opinables. Es decir, que con el reglamento en la mano no hay recurso posible a la decisión de Teixeira Vitienes (hizo bien el barça en no enfangarse y aprovechar el ridículo madridista de la semana anterior para volver a quedar por encima en señorío), pero que otras veces han sido solventadas con amarilla. Los medios culés se soliviantaron, los madridistas reaccionaron y los colegiados, en silencio, se frotaron las manos. La venganza empezaba acosando el supuesto beneficiario de sus favores previos. Mejor coartada, imposible.


Luego vino Mateu Lahoz con la doble amarilla a Pablo Álvarez (mano voluntaria y piscinazo) y a su entrenador, Lotina (por sendas protestas de forma ostensible a decisiones del trencilla), en el Málaga-Deportivo. En el Almería-Sporting, Ayza Gámez mandó a la ducha Flores, por los locales (cortar una ocasión manifiesta de gol con la mano), y por los asturianos, Barral (codazo en la cara a un contrario) y Gregory (tirar el balón a un recogepelotas). Tres rojas más sacó de su bolsillo Muñiz Fernández en el Zaragoza-Sevilla. A Colunga en los locales, por doble amarilla (perder tiempo y una zancadilla) y a Negredo y Stankevicius por los visitantes (por sendas patadas por detrás a un contrario sin intención de jugar el balón).


Este fin de semana hemos tenido siete, ¡siete! Y queda un encuentro. A Tchité lo echó Delgado Ferreiro en El Sardinero por llevarse los dedos a los ojos y hacer el gesto de las gafas mientras decía "éste está ciego, que no lo ha visto". ¿Es eso un insulto, motivo de expulsión, ofensa o algo así? Además, tenía razón en su reclamación el delantero de Burundi, lo habían derribado, pero se fue a la calle.  


En Cornellá-El Prat, el Depor también se quedó con uno menos esta semana. Antonio Tomás salió antes de tiempo porque Velasco Carballo le cazó en un manotazo como el de Cristiano. En Zorrilla, Fernández Borbalán expulsó a Ander Herrera, del Zaragoza, por una zancadilla... 


¿Y las otras cuatro expulsiones? Todas en el patio de la cárcel en que se convirtió El Madrigal. Patadas, tirones de pelo, gritos, amenazas, "te espero a la salida"... Fueron cuatro a la calle como pudieron irse casi todos. Un asco y un desprecio al fútbol y a sus aficionados. Si un manotazo en la cara vale dos partidos de sanción a un jugador a quien únicamente se le puede discutir si es demasiado ambicioso, cuántos deberían caerle a los Orbaiz, Godín y Javi García. Y cuánta reflexión debería hacer el que supuestamente debe liderar al histórico y señorial Athletic, ese Joaquín Caparrós a quien, si algo se le puede discutir, es si sus equipos rebasan el límite de la agresividad siempre o casi siempre...




Esto sí atenta contra el fútbol, esto sí debería juzgarse con una sanción ejemplar, los niños que lo miraron deberían recibir un mensaje claro de que eso no está bien. No han demostrado seguir un camino coherente ni árbitros ni comités desde hace años, teniendo en cuenta que las expulsiones y sanciones están para marcar claramente qué sí y qué no es admisible. Tampoco en esta contraofensiva arbitral de la que hablamos está habiendo un criterio reconocible. Aunque esto de Villarreal puede ser un punto de inflexión. A ver qué hacen el Comité, el otro comité y "el tercer comité".


periodistaycolegiado@elmundo.es

lunes, 8 de febrero de 2010

Ambiente de villarato

Hoy Marca se escandaliza de que el Barça se queje de los árbitros, con grandes caracteres, con fondo negro en su portada, poniendo ejemplos de varias jugadas que, en esta misma temporada, alimenta la teoría instalada de que los colegiados favorecen a los culés. Mientras, Sport reserva un espacio menor para el asunto, pero desde la posición victimista que corresponde a su público principal.


El sábado, la sección de Deportes de El Mundo abría con la supuesta preocupación que se ha instalado en la Federación Española de Fútbol por la crispación creciente no ya sólo en los medios, sino en los propios futbolistas, en los dirigentes, en las aficiones... Debió de haber orden: 10 expulsados, nueve jugadores y un entrenador.


El Camp Nou se levantó de sus asientos en la noche del sábado cuando Teixeira expulsó a Piqué y luego a Márquez. El árbitro cántabro, uno de los mejores de la categoría, acertó en ambas decisiones y no se arredró. "¿Ven como no nos regalan nada, ven como nos sacan rojas como a los demás?", dirá algún barcelonista. Incluso el trencilla pudo alimentar la teoría de la contraconspiración, ésa que hizo sacar los pañuelos a los culés. "Claro, como los madridistas están llorando, ahora los del pito se vuelven en nuestra contra".


Deportivamente, no. Teixeira quizá pudo dejar en amarilla lo de Piqué, como incluso dijo Míchel, técnico del Getafe, pero la roja, reglamento en mano, es correcta. Y la de Márquez, indiscutible. Y dialécticamente, nos lo hemos buscado. La tensión se ha venido alimentando en una prensa partidista y poco objetiva, que sólo destaca los hechos que le benefician en ventas. Pero sólo se alimenta al que pide comida, y este fútbol nuestro lleva tiempo haciendo todo lo posible por llegar a esto.


Es la falta de profesionalidad rampante la causa primera de todo esto. Dirigentes federativos, de la Liga, de los clubes y de los comités, todos, parecen confabulados para engordar la madeja de las conveniencias, ésa que sólo lleva a que todos tengan motivos y ninguno tenga razón.


Los árbitros no son independientes y sus decisiones, por ello, se ven condicionadas por el ambiente (10 rojas, récord de la temporada). Y como gobierna el ambiente, todos han llegado a la conclusión de que el que más ruido haga, más influirá y más rédito sacará para lo suyo. Y como desde los despachos nadie ha mostrado coherencia como para ganarse la autoridad moral de mandar callar, la bola de nieve crece y crece. Si alguien habla o da una patada, según cómo se reaccione desde los medios, se le meten más o menos partidos. Y por eso ya sabíamos la noche del sábado que alguien titularía "¿y cuántos partido son esto?" con una foto de la entrada de Piqué. Lo hizo Marca. Y ya sabíamos que otros abrirían celebrando la victoria del Barça "sobre el árbitro". Lo hizo Sport.


Todos deseamos que alguien con autoridad haga y deshaga con criterio y que eso vaya dejando poso y que, al paso de unos pocos años, nos podamos evitar este peñazo. Pero si aquél que es señalado como mesías y ejemplo es capaz de afirmar "yo le digo a los jugadores que los árbitros no existen" sólo dos minutos después de jalear a sus 100.000 aficionados con aspavientos de todos los colores para echarlos encima del colegiado, es que el Villarato, ese invento, debe ser el nombre que le demos al ambiente que hay. Quizá el presidente de la Federación podría ser distinto.


periodistaycolegiado@elmundo.es